“Transformación Digital”. La gran revolución tecnológica de los años 10.

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De manera progresiva y casi en silencio, hemos estado viviendo una revolución tecnológica que está transformando la sociedad y la economía a nivel mundial; pero es ahora, finalizando los años diez, cuando están confluyendo las tecnologías que lo hacen posible, y lo más importante, los hábitos de las personas que las utilizan.

Todos hemos oído últimamente el término “Transformación Digital”, se habla de “Una nueva revolución industrial equiparable a lo que fue la electrificación”, pero ¿Qué es exactamente? ¿Qué sectores u organizaciones se están transformando? ¿Ha comenzado ya? ¿Todavía estoy a tiempo de subirme al tren? ¿Es un fenómeno mundial? ¿Cómo se está produciendo? ¿Cuáles son sus consecuencias?

Como seres humanos llevamos mucho tiempo “digitalizándonos” a través del uso de redes sociales, smartphones, ordenadores, aplicaciones y un largo etc., pero la convergencia de tecnologías de integración de sistemas, computación en la nube, big data, conectividad mundial, dispositivos móviles, sensorización, inteligencia artificial e internet de las cosas, entre otras, es lo que está permitiendo a las organizaciones reinventar sus modelos de negocio.

Un claro ejemplo lo tenemos en la banca, que gracias a la innovación tecnológica está ofreciendo productos y servicios digitales financieros que son consumidos con naturalidad, y por tanto produciéndose un cambio de hábitos en los clientes, lo que provoca una reinvención de la banca tradicional cambiando el modelo de relación con el cliente, así como nuevas alianzas colaborativas con empresas tecnológicas.

Es importante destacar que esos nuevos hábitos de los clientes son los que instan a las organizaciones a la transformación, que se convierte en una oportunidad de mejora competitiva para todos los sectores, y por tanto nadie quiere quedarse atrás, y se convierte en un reto conjunto de empresas, tecnologías y personas.

La sociedad exige la interacción con cualquier compañía, desde cualquier lugar y con cualquier dispositivo, es decir, solicitar una cita con el médico, trámites con la administración, comprar un artículo o servicio, jugar en escenarios reales, cuidar nuestra salud desde la Tablet o el móvil; lo que provoca grandes cambios, como que la compañía exponga sus procesos de negocio externamente o la eliminación o reducción de elementos físicos como establecimientos, oficinas, DVD’s o CD’s, revistas o libros en papel.

Otro ejemplo de transformación digital para todos los públicos es “Pokemon Go”, un video juego gratuito basado en el clásico de los años 90 con el que Nintendo se ha reinventado en 2016, ofreciendo un producto que se apoya en múltiples tecnologías: geolocalización, cámara digital, internet, nube pública de Google, realidad aumentada, big data, inteligencia artificial, dispositivos móviles, y la apertura de nuevos modelos de negocio como el patrocinio de las “pokeparadas”.

Como cualquier revolución, la transformación digital tiene sus detractores y defensores, pero es algo que nos acabará afectando a todos de una forma u otra. Existen muchos obstáculos que salvar, como la escasez de talento para gestionar proyectos tecnológicos, resistencia al cambio de personas y empresas, costes o la brecha tecnológica de algunos países o colectivos.

Hay sectores que no entienden las posibilidades de este movimiento tecnológico, y no definen estrategias correctas. El mero uso de la tecnología no significa que estemos transformando digitalmente, hace falta una visión de negocio innovadora, flexibilidad para explotar nuevas vías para llegar al cliente, capacidad de análisis, creatividad y adaptación. No obstante son legión las personas, empresas y países que abrazan esta revolución y caminan hacia la madurez digital.

El impacto de la transformación en nuestra vida es creciente e imparable, y sus beneficios sociales, económicos y culturales, incalculables e impredecibles. Por lo pronto se está convirtiendo en un motor económico, que genera empleo y riqueza, a pesar de ser una economía compleja, silenciosa y dinámica.

Esperemos que no sea mucho desear que todo derive en unos felices años 20 para toda la humanidad.

Saludos,

Juanje

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